Existen muchas personas que dedican gran parte de su tiempo a ir y venir por diferentes sitios, tramitando documentos, pagando facturas, esperando respuestas.
La espera en un banco suele ser una de las peores. Y digo una de las peores porque la que se lleva el premio es la del Seguro Social.
Pero no es de burocracia de lo que escribiré, sino de libros.
¿Cómo se relacionan?
Pues es simple.
Durante los últimos diez días me he dedicado a observar a mi alrededor, buscando lectores en cualquier lugar, desde transporte público hasta en el mismo salón de clases.
No emitiré el estudio estadístico completo, pero básicamente de cada 100 personas entre los 15 y 60 años, solo 6 tenían algún libro en la mano.
Ecuador es un país en el que cada persona lee un promedio de medio libro al año.
La cifra es tan deprimente que de repente me dieron ganas de reírme de manera histérica.
Existen tantos lugares para leer, lugares a los que se debe acudir con algo para matar el tiempo de espera.
La espera sin un buen libro es absurda.
O al menos lo es para mí.
La excusa de que no se lee porque "no hay tiempo" no aplica en la mayoría de los casos.
Siempre hay tiempo para un libro.
Un hombre mayor leía A sangre Fría de Truman Capote mientras esperaba en el edificio principal del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social hace unos días.
Una joven se sentó a mi lado de camino a casa la semana pasada. Leía 50 sombras de Grey.
Ayer uno de mis compañeros de universidad compró Hamlet de Shakespeare y tal vez hoy lo haya terminado de leer mientras iba a su trabajo en transporte público.
Me emocioné al ver a cada una de estas personas, la chica Grey incluida.
Porque por muy feo o raro que me parezca a mí un libro, al menos otro ser humano está leyendo.
Y mientras lea, yo soy feliz.
La lectura no es obligación, ni tampoco un deber cívico o legal.
Se lee por amor al arte.
Y qué mejor si puedes invertir un par de minutos en una página de ese gran libro que desempolvaste o que te obsequiaron recientemente.
No importa lo que leas, eres diferente de tu vecino y de tus padres; lo importante es leer.
Y convertir de a poco ese "medio libro" del ecuatoriano, en uno entero.
O en dos.



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